Ante la lamentable pérdida de Eliseo Barrón Hernández, víctima, como todos sabemos, de un cobarde asesinato, me permito enviar mis condolencias y solidaridad a todo el gremio periodístico lagunero. Por supuesto, también extiendo a su familia mi pésame y apoyo incondicional.
Como todos los que deseamos una sociedad alejada de la barbarie y un clima de tranquilidad, condeno severamente los tristes acontecimientos, pues, además del crimen perpetrado, se hacen palpables nuestros errores a la hora de combatir al crimen.
Y no hablo con afanes partidistas, ni siquiera políticos. Lo hago como ciudadano, que se percata de cómo un oficio trascendente socialmente, como lo es el periodismo, se torna en una ruleta rusa, se vuelve un campo minado donde no existe garantía alguna, ni el respaldo debido para ejercerlo.
Por ello, aunque no tuve el gusto de conocer personalmente a Eliseo, estoy cierto que su deceso nos abre la puerta para analizar la realidad de los periodistas laguneros, de trabajar en la búsqueda de entornos más propicios y de garantías tangibles.
Que la pérdida no sea en vano, sino que nos quite el velo de los ojos, mismo que no nos ha permitido ver una realidad tan inmensa, que, al tenerla enfrente con resultados funestos, avergüenza.
Eliseo, descansa en paz.
Atentamente
miércoles, 27 de mayo de 2009
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